Luego de viajar durante varias horas por las carreteras de los estados Aragua, Carabobo y escasos metros de Yaracuy, aquí entré. A uno de los íconos turísticos del país, donde se fusionan planicies, lomas, desiertos, ganado, salinas, manglares y una biodiversidad abrumadora.
Lo más peculiar es su forma, la cabecita de Venezuela, su periscopio. Donde está el punto más al norte del país: el Cabo San Román. A unos cuantos kilómetros están las antillas sotavento. El A, B, C; Aruba, Bonaire y Curazao. La primera se ve desde allí, donde está un gran faro que es destino turístico fijo para exploradores y curiosos.
Estoy seguro que una nota no bastaría para describir la magnificencia de este estado. Claro, Tucacas, las lanchas, los cayos, y las playas son reseñables, pero no son lo más representativo de la zona. Ahora, el desierto al lado de la ciudad más vieja del país, cerca de donde se izó nuestra bandera por primera vez, es el destino icónico y obligado para cualquier ser que visite Venezuela. Hasta tarántulas azul eléctrico se consiguen entre sus cardones y tunas.
A una hora de distancia de Los Médanos de Coro y su imponencia sigue en mi mente. Aquí cerca tengo a Adícora y a Buchuaco, lugares para kitesurfers y windsurfers por su intensa y constante brisa de altas velocidades... Estoy en El Supí, a escasos dos kilómetros de la Laguna Boca de Caño, donde hay flamingos, cangrejos y unos majestuosos manglares que procuraré compartirles junto a las Salinas de Cumaragua; donde echan agua de mar y luego un químico (¿será cloruro de potasio?) que la solidifica y pinta de rosado. Esos terrones los comercializan, son muy salados.
Échense una pasadita por estos lares, para que la realidad arrope este breve paseo virtual que les di por uno de mis estados favoritos.
Saludos.
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