La temática es una de las principales preocupaciones del escritor recurrente, al igual que la originalidad, la elocuencia, retórica y muchas otras variables que influyen en las letras. En mi caso, cuando no tengo tema, se me aflora la ficción, o un verso libre casi poético que no termina de convencerme. Pero con el caudal casi incontenible de información que conllevan nuestras vidas es imposible decir que no existe tema para escribir, divagar o al menos para despotricar.
Por otro lado, el tiempo para escribir es elemental. Siempre es necesario un segundo de paz consigo mismo y con el mundo para ordenar ideas y desenvainarlas sobre el teclado. El ocio muchas veces toma ese tiempo y lo despedaza cual samurai en el aire. También, los deberes académicos y laborales no escapan de pertenecer al conjunto de 'excusas de tiempo' por las que no se escribe. Pero la verdad; ¿Quince minutos o media hora de un 'trabajo' 'intelectual' casi vano? Vale la pena la inversión del tiempo usado en otras tonterías.
Por último, y no menos importante; la pasión o el amor por esta arte matemática es vital para no abandonar el camino. Un camino lleno de gratificaciones; egoismo, vanidad, espiritualidad, cordialidad, humillación, sangre, ocio, ironías, paciencia, inocencia, maldad y bondad, inconformidad, discrepancias, dadivosidad, seguridad, lecturas, lectores; y otras más...
La fórmula, digo yo, es sencilla. Tema, Tiempo y Amor. Lo demás vendrá por añadidura.
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